lunes, 8 de junio de 2009

LA LEYENDA DE LA CASA DE LOS PERROS

Cuentan los viejos libros que en Guadalajara había un rico cafetalero llamado Jesús Flores, quien tenía su casa en la calle de Santo Domingo, hoy llamada Av. Alcalde. Don Jesús, en el momento en que iniciamos esta historia, era un viejo viudo de setenta años, que harto de su soledad buscaba con afán el tener una compañía.
Ahí en la esquina, de lo que es hoy Alcalde y San Felipe vivía una viuda con tres hijas muy hermosas, dedicadas a realizar trabajos finos de costura, en lo cual habían hecho buena fama. Una de las hijas de aquella costurera, debido a su gracia y belleza pronto fue desposada por un apuesto y acomodado caballero. Pero el rico viejito se derretía por Elodía, otra de las hermanas, aunque ella no le hizo jamás el menor caso y terminó contrayendo matrimonio con un rico alfarero de Tlaquepaque.
Ana, la última de las hijas, no vio con malos bigotes a Don Jesús, y aunque él jamás la había pretendido, pronto se vio seducido por su coquetería, a todas luces manifiesta; y sin pensarlo demasiado, le propuso a la jovencita matrimonio. A falta de pan, buenas son semas. Quizás en sus años mozos Don Jesús fue un joven atractivo, pero en esos tiempos ya no quedaba absolutamente nada digno de verse en aquel anciano, excepto su fortuna, que le borraba hasta las arrugas y lo encorvado.
Anita no perdió tiempo. Ante la insistencia de aquél hombre, que sentía se le acababa el tiempo; ella le hizo ver que la única forma de casarse con él era que le hiciera a la casa un segundo piso; porque solo las gentes adineradas tenían una así, y ella pretendía mostrar una excelente imagen ante la sociedad.
Don Jesús ni tardo ni perezoso, llamó de inmediato al ingeniero Arnulfo Villaseñor y le encargó la remodelación de la casa. Una vez terminada, y después de haber contraído matrimonio la desigual pareja, Doña Ana, y la llamo ahora así, porque ya era la “gran señora”, completó la decoración exterior con un par de esculturas que vio en una revista de decoración, y las cuales tuvieron que ser traídas directamente desde Nueva York. Dando con ello el toque final, y el motivo para que aquella finca a partir de entonces fuera conocida como “la casa de los perros”.
Al frente de sus negocios, Don Jesús, tenía a un honrado caballero llamado José Cuervo, quien con gran habilidad le multiplicaba día con día la fortuna, lo cual después de pasada la emoción de tener de nuevo compañera, para Don Jesús se convirtió en la única ilusión en la vida.
Pero el reloj de arena se quedó sin granos y Don Jesús falleció dejando a Doña Ana sola, quien para no sufrir aquél terrible mal de la viudez, muy pronto encontró consuelo a su tristeza en los brazos del fiel mayordomo, quien prosiguió afanosamente acrecentando la fortuna con el buen manejo de los negocios.
Y como el dinero fluía por todas partes, Doña Ana y Don José hicieron una casa nueva, la cual se aprecia aún el la esquina de Colón y Libertad, donde se fueron a vivir su insólito romance, dejando atrás aquella casona que Doña Ana ya no vio con simpatía porque estaba llena de recuerdos no del todo gratos.
Poco tiempo después vendieron la “casa de los perros”, pero quien sabe que pasó con el nuevo dueño, porque la finca duró mucho tiempo abandonada y aquello dio pie a una gran leyenda.
Se corrió el rumor de que quien rezara un novenario en el mausoleo de Don Jesús Flores, recibiría en premio las escrituras de la “Casa de los Perros”. Era requisito que los rezos se efectuaran a las 12 en punto de la noche, llevando como única compañía una vela. Dicen que lo intentaron una buena cantidad de gentes, hombres y mujeres. Que hasta se hizo una gran vendimia noche a noche afuera del panteón de Mezquitán. Por todas partes surgieron los valientes, que vieron en aquella situación una forma fácil de hacerse de fortuna. Pero todos fracasaron. Algunos salían antes de cinco minutos, corriendo como alma que lleva el diablo, otros se tardaban tanto en salir, que cuando los iban a buscar los encontraban desmayados.
Con el tiempo pasó la euforia, o se acabaron los valientes. Se dice que el problema de todo ello estaba en que una voz de ultratumba se empeñaba en contestar cada uno de los rezos. Y así, hasta el hombre más valiente se cuartea.

27 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena esta leyenda qq se a creado durante años quien sabe si sera cierto??

Anónimo dijo...

yo digo q si por q si no fuera cierto por q los valientes se desmayaran al oir esa voz o no?

Ángel Barajas Ramírez dijo...

Ya había leído algo de la leyenda, pero no conocía el origen de Anita ni de José Cuervo, está interesante. Y en cuanto a eso de la voz de ultratumba, pues dicen que hasta ver no creer, pero de ahora a que vea en persona, sí falta mucho jejeje. Excelente entrada.

Anónimo dijo...

Muy interesante la leyanda yo habia escuchado que los perros cobraban vida cada media noche, pero creo que eso fueron inventos. Es bueno saber la historia real.

Roy Lobo dijo...

Yo que soy tapatío no conocía del todo la leyenda. Muy entretenida por cierto.
¿Tendrá qué ver el nombre del mayordomo José Cuervo con el famoso Tequila?

Anónimo dijo...

yo acabo de llegar de guadalajara y la verdad me quede con las ganas de conocerla por dentro, porque estaba cerrado. la verdad esta es una leyenda urbana, ya que la que se es el dueño fue matado por sus perros y ellos desaparecieron en una noche de luna llena a las 12 de la media noche, la verdad esta interesante y no creo que sea el nombre del mayordomo como el tequila...

Arturo Monroy dijo...

Esta casa ha sido restaurante, museo, escuela, etc. pero lo que no se menciona es que nadie puede quedarse por la noche aún, hasta que se cumpla con el novenario de media noche en el panteón el Mezquitán, según el dueño del que algún tiempo fué la casa un restaurante cazadores sólo un velador aguantó una semana pero se sintió enfermo y murió, que los trabajadores siempre se ponían de acuerdo para salir juntos y al día siguiente reacomodar todo lo que por la noche se desacomoda, esta leyenda la conozco desde niño y en el mausoleo del panteón el Mezquitán pusieron una reja para evitar que la gente se meta.

Anónimo dijo...

muy bien la leyenda

Anónimo dijo...

para mi que eso no es sierto. la gente inventa mitos . y tambien ¿que tiene k ver el famoso tequila?

Anónimo dijo...

creo q te falto imbestigar un poco mas si secaso con don jose cuervo el tequilero pero no era mayordomo era su mejor amigo y tenia igual de fortuna q el y si doña ana era interesada yo me imajino que el alma de don jesus flores pena por la traixion de su amigo y ella por eso ronda x la casa.

Anónimo dijo...

segun yo los perros cobraban vida y les lodraban a las personas que ivan pasando por ahy pero buena a por cierto si algun dia ustedes van a esa casa vean a los perros y veran que tienen oyos como si fueran balazos. porque nose pero bye

Anónimo dijo...

La leyenda que te contaron se salio de tenebrosa,yo soy terapista de la hija del ing Arnulfo Villasenor que es presisamente la esposa del ing Jorge Matute Remus,y que por cierto a sus 94 anos tiene una clarides mental impresionante,y la historia antes mencionada de Jose Cuervo y Anita es la misma historia que ella me cuenta acerca de la casa,y de don Jesus Flores etc.

Arq Marla Vazquez dijo...

Anónimo tengo algunas dudas de los herederos, porque cuentan que hubo tres hijas que no se casaron y un hijo que se llamaba Leonardo, mas no se si era mas grande o el mas chico..si usted conoce a los que vivieron esta época habrá manera de comunicarse para ver el paradero de estos hijos..gracias

Anónimo dijo...

npues me agrado es muy interesante

Anónimo dijo...

puede que la leyenda sea sierta pero la casa ya es unn museo pero ahora esta bien chafa con un monton de macinas asi como teclas

Anónimo dijo...

Es cierto que hay algunas puertas encadenads no??

Anónimo dijo...

Esa es la historia que cuentan. pero también decían que a las 3 de la mañana se veía el dueño de la casa con cada perro a un lado mirando desde lo alto. será verdad o será mentira?

Anónimo dijo...

ja ja no leei la leyenda era para mi tarea

Arturo dijo...

La Casa de los Perros fue adquirida en el último tercio del siglo XIX por un michoacano (uruapense, para más señas) llamado Francisco Farías Díaz Barriga. Este señor se fue a vivir para allá más o menos en 1913, cuando la Revolución se manifestó en Michoacán, y murió allá más o menos en 1925.
La propiedad quedó en manos de su heredera universal, la señora Ignacia Ceja Barajas, quien la mantuvo consigo hasta su muerte, ocurrida el 4 de octubre de 1952. Después de esto vino a parar a manos de su sobrino carnal, el doctor José Luis Mejía Ceja, quien aún vive y está casado con la señora Bertha Vázquez Arroyo.

B@3ZzA dijo...

que genial quien quiere ir con migo si me dan ganas de ir aver que pedo

Anónimo dijo...

Yo no conocia la leyenda pero es muy interesante

Anónimo dijo...

lamenme el pene no la puedo copiar en paz pendejos .l.

Anónimo dijo...

Pues yo no la conocía y la leí y fue muy interesante la leyenda.

Joseph Xabí, 10 años :-)

Leslie Leaños dijo...

Recuerdo que mi mamá me contaba la historia de La Casa de los Perros, pero era diferente. Dijo que un hombre rico había construido esa casa y era dueño de los perros que son ahora las estatuas, congelados en el tiempo. Al parecer, el hombre había ido a Europa y dejó a sus perros solos, y lo mataron en venganza después de su regreso. ¿Es sólo una variación de la leyenda o mi madre lo estaba inventando?

Anónimo dijo...

Amo esa historia y todas sobre mi guadalajara creo k siempre estara el recuerdo de eso hombre en esa casa

Marcos Varela dijo...

Para completar la historia:

De la riqueza del pulque conocida por los nativos, don José Antonio Cuervo destiló, mediante las técnicas de los moros españoles, un aguardiente cristalino que a más de dos siglos, es el tequila más demandado del planeta.


Don José Antonio, propietario de la hacienda La Cofradía de las Animas en la región de Tequila, Jalisco, inició el proceso para producir un vino mezcal que con el tiempo sería reconocido mundialmente.

Sus dos hijos, José María Guadalupe y José Prudencio continuaron la tradición. El primero recibió del Rey Carlos IV de España la primera concesión para destilar y comercializar las mieles del agrave en 1795, después de la prohibición que hubo para favorecer la producción española.

Por su parte, José Prudencio adquirió los potreros de la hacienda de Abajo, sitio en el que más tarde se instaló la taberna de José Cuervo.

Al transcurrir los años, la taberna tomó el nombre de La Rojeña, cuando Albino Rojas la hereda a su esposa, María Magdalena Ignacia, hija de José María Guadalupe. Es entonces cuando se convierte en una de las primeras empresas que se fundan en México, pues su nuevo propietario aumenta la producción y comienza a distribuir el vino mezcal en Aguascalientes, Zacatecas y San Luis Potosí.

A mitad del siglo XIX ya era la taberna más famosa de la región, con más de 3 millones de agaves sembrados.

Ante la llegada del ferrocarril, la fábrica fue trasladada a La Constancia, y remplazadas las mulas que transportaban el licor, comenzándose a envasar en frascos y botellas. Todo esto gracias al esfuerzo de don Jesús Flores quien recibiera La Rojeña de las hijas de Vicente Alba. Para 1880 ya se había logrado vender cerca de 660 mil metros de licor.

Ana González Rubio, segunda esposa de don Jesús Flores queda viuda y contrae matrimonio con José Cuervo Labastida. Desde entonces la bebida se conoce como tequila José Cuervo, al tiempo que la fábrica retoma su antiguo nombre de la Rojeña, que al comenzar el siglo XX poseía cuatro millones de mezclas y los más altos premios internacionales.

Para 1914 tomar tequila José Cuervo con refresco de canica era toda una moda, que eran los famosos toritos de Jalisco.

Al morir José Cuervo, Ana González Rubio queda nuevamente al frente de la fábrica, que posteriormente hereda a sus sobrinas Virginia y Guadalupe Gallardo. El esposo de esta última y su hijo fueron los administradores de 1934 a 1964. Posteriormente Juan Beckman Gallardo y su familia dirigen la empresa.

Anónimo dijo...

Esta leyenda es de mis favoritas y de las mejores.
Buena leyenda mexicana